Lunes, 17 Noviembre 2014 19:00

50 años de guerra al Buen Vivir

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La paz con la naturaleza conlleva el tránsito hacia el “Buen Vivir” en los territorios en conflicto

Al mismo tiempo que Colombia está buscando el camino hacia la paz en la Mesa de Conversaciones de La Habana, el mundo debate sobre cómo garantizar la sostenibilidad ambiental del planeta hacia el futuro.


Hoy en nuestro país, en el marco de las actuales conversaciones de paz, nos encontramos ante la necesidad de adelantar un amplio debate sobre el impacto ecológico/ambiental de la guerra y la victimización de la naturaleza.

Se hace impostergable replantear el modelo de desarrollo extractivista y agroindustrial que predomina en el territorio nacional, reduciendo la naturaleza a simple proveedora de recursos, subordinada siempre a la acción humana, poniendo en riesgo la vida de los ecosistemas y las comunidades. Bajo este modelo germinó todo el oscuro periodo de nuestra historia conocido como La Violencia, que se mantiene hasta nuestros días y que el país busca terminar.

Paralelamente, la discusión de los últimos años a nivel mundial ha girado en torno a la construcción de la agenda post 2015, haciendo el balance de los Objetivos del Milenio, que deberá orientar nuevos objetivos hacia el logro de la sostenibilidad ambiental de las ciudades. Más de la mitad de la población mundial vive en ellas y Colombia no ha sido la excepción. El 75% de su población es urbana. Informes recientes indican que alrededor de 100 municipios de nuestro país están gravemente afectados por el conflicto armado, lo cual además de causar violaciones a los derechos humanos conlleva una afectación ambiental sin precedentes sobre sus territorios. El conflicto armado y el conflicto ambiental se entrecruzan en los centros urbanos.

Por todo lo anterior, el nuevo desafío es lograr la mitigación del cambio climático, asumir el consumo consciente de bienes y servicios, adelantar la gestión sostenible de los residuos urbanos, promover el uso eficiente de la energía, avanzar hacia la movilidad limpia, alcanzar un adecuado metabolismo hídrico y garantizar la soberanía alimentaria. Estos serán eslabones fundamentales en la conquista de la paz.

Este es un momento crucial para el país, en el que debe confluir eficazmente la agenda global por superar la incertidumbre ambiental con el propósito nacional de alcanzar la paz por la vía de la negociación y la concertación.

En el escenario de incertidumbre ecológica es necesario encontrar caminos distintos a la inercia depredadora del “desarrollo” tutelado. Los movimientos sociales campesinos e indígenas de América Latina vienen enseñándonos y mostrándonos el camino del “Vivir Bien” o el “Buen Vivir”, que privilegia el respeto y el reconocimiento de todas las formas de vida presentes en la naturaleza, de la que hacemos parte.  El “Buen Vivir” está presente en aquellos pueblos que apuestan por la cultura de la vida.

Así pues, la Alianza Verde debe construir propuestas políticas concretas que permitan materializar la paz con la naturaleza en todo el territorio nacional. Consideramos entonces que nuestro partido debe procurar la construcción de una agenda básica que incluya las siguientes premisas:

  1. Promover un ordenamiento del territorio que reconozca los derechos de la naturaleza, que respete todas las formas de vida en los ecosistemas de los que hacemos parte, y se enfrente al modelo de desarrollo tutelado.
  2. Impulsar el cambio cultural necesario para repensar el paradigma consumista y para transformar nuestra relación con la naturaleza.
  3. Transformar nuestra relación con los residuos sólidos urbanos (conocidos como basura) para encaminar los esfuerzos hacia el cierre definitivo de los rellenos sanitarios y promover la cultura del reciclaje, la reutilización y la gestión sostenible.
  4. Procurar la implementación de fuentes de energía renovable, y la supresión del uso de energía basada en combustibles fósiles, en los municipios más golpeados por el conflicto armado y en las grandes ciudades.
  5. Propugnar por la adopción de la movilidad limpia y no motorizada, que promueva la intermodalidad, que incremente la calidad de vida y disminuya las emisiones.

Una agenda que tenga en cuenta las anteriores premisas deberá ser garantizada por un marco jurídico de carácter transicional que reconozca los derechos de las poblaciones y los derechos de la naturaleza, construida de la mano de las comunidades, incluyendo a los actores armados y promovida desde el Estado.

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Erik Jerena

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Magíster en Sociología con énfasis en Sociología de la Cultura de la Universidad Nacional de Colombia con la tesis titulada «Escenarios de la ciudadanía intercultural en la democracia local. El caso de la localidad Rafael Uribe Uribe de Bogotá (2004-2011)». Pertenezco al grupo de investigación Cultura y Nación del Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad Nacional de Colombia, línea de investigación Ciudadanía y Cultura. Mi búsqueda investigativa ha estado orientada desde la perspectiva interdisciplinar propia de los estudios culturales latinoamericanos; particularmente desde la Ciencia Política, la Sociología de la Cultura y la Ecología Política.

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