La buena noticia es que la Eurocámara ha pisado el acelerador: el objetivo que presentará en la Cumbre del Clima en París (COP21) es más ambicioso que el de muchos países europeos, ya que pretende no mitigar, sino eliminar las emisiones de carbono en su totalidad en 2050. La mala (o no tan buena) es que el calentamiento global ya es irrevocable: las previsiones más optimistas hablan de que, ese año, logremos un aumento de la temperatura media del globo de «solo» dos grados, en lugar de los seis que prevé ahora la comunidad científica.

Concienciados de que no es posible recular, sino minimizar el daño ya hecho, uno de los pilares irrenunciables para llegar a esa cifra es la innovación tecnológica, enfocada en la transición a una sociedad baja en carbono. «Podríamos cumplir ese objetivo con las tecnologías existentes pero, aplicando otras nuevas y más avanzadas, sería más viable y facilitaría su implantación, y políticas de reducción de emisiones más ambiciosas, no solo en los gobiernos, también en compañías», ha afirmadoDaniele Poponi, uno de los responsables del Informe de Perspectivas sobre Tecnologías Energéticas (ETP), durante las jornadas Empresa y cambio climático organizadas por la Fundación Gas Natural Fenosa.

Este doctor en Economía y Desarrollo Sostenible de la universidad italiana de Bari, colaborador con numerosos departamentos de su Gobierno en el desarrollo de políticas energéticas y medioambientales, ha asegurado durante su ponencia que, «si bien se progresa en numerosas áreas, el avance e implantación actual en tecnologías referidas a las energías renovables, como la movilidad eléctrica e híbrida, la arquitectura sostenible, la economización de fuel o la reutilización de energía, entre otras, no es suficiente para cumplir el objetivo de limitar a dos grados el calentamiento global».

Hay que aumentar el ritmo, en definitiva, y en eso tiene un papel fundamental la colaboración público-privada, según el ponente: con las políticas actuales llegaríamos a los 50.000 millones de toneladas de emisiones globales de carbono a la atmósfera, «y eso son cifras optimistas», advierte Poponi, que añade un dato esperanzador: la reducción de consumo de combustible ha aumentado en los últimos años gracias a regulaciones muy severas en Europa y Estados Unidos, como las normas Euro en cuando a emisiones impuestas a la industria automovilística en nuestro continente, que se endurecen año tras año.

«Esa es la importancia de un marco regulatorio, y ese es el camino a seguir», afirma el ponente, para añadir acto seguido que el esfuerzo realizado hasta el momento dista de ser suficiente para cumplir los objetivos de 2050: «Si queremos que ese año el calentamiento global no pase de los dos grados, los países de la OCDE deben triplicar el gasto en I+D+i».

Todo un reto, sin duda, que una vez más cae en manos de los sectores público y privado. «Hay que encontrar un equilibrio entre tecnología y aceptación por parte del mercado. Hacen falta políticas estables a largo plazo para lograr que la industria se implique y se comprometa con tecnologías que reduzcan las emisiones de carbono. Superar barreras entre ambos sectores», sentencia Poponi, y pone un ejemplo: «La tecnologías fotovoltaica han progresado a pasos agigantados gracias a asociación púbico-privada. Lasinversiones del sector privado son cruciales para el avance que requerimos en nuestros objetivos medioambientales».

Los países en vías de desarrollo no son una rémora en los objetivos medioambientales, más bien al contrario: «No podemos pretender que reduzcan su huella de carbono por sí solos. Hay que darles apoyo internacional. Precisamente porque ya existe mucho feedback, un camino ya recorrido, pueden realizar la transición mucho más rápido que los países desarrollados». Y arroja una luz sobre los países emergentes; en concreto, China: «Ha llevado a cabo en los últimos años un incremento muy destacable en la exportación deplacas solares y tecnología LED para iluminación y pantallas de bajo consumo. Además, en este país no deja de crecer el desarrollo de patentes. Por eso es fundamental un apoyo público-privado para que apliquen estas tecnologías dentro de sus propias fronteras». Hablamos de casi 1.500 millones de habitantes y un consumo energético, en la primera década del 2000, del 17% a nivel mundial, con el impacto que eso supone para el planeta, y los objetivos contra el cambio climático. La solución, sin duda, pasa por algo que ya tienen: tecnología.

 

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Publicado en COP21