ENVIADO POR: ECOTICIAS.COM  02/12/2016 
 
La superficie terrestre del planeta expulsará tanto carbono como el que emite Estados Unidos 
 
 
Eso sería más o menos el equivalente de añadir al planeta otro país industrializado del tamaño de los Estados Unidos, según concluye un nuevo estudio de la Universidad de Yale publicado en Nature.
Publicado en DESARROLLO SOSTENIBLE

Lo que está fallando no es la naturaleza, es nuestra sociedad: su estructuración interna y sus formas de intercambio con la naturaleza.    Jorge Riechmann

 

Las dinámicas actuales y la continua interdependencia y afectaciones en la economía y los ecosistemas se han globalizado como consecuencia de una economía globalizada, donde la hegemonía del sistema económico sobre los demás sistemas biofísicos y socio culturales ha generado un alto impacto de tal magnitud que puede determinar la  continuidad de la especie humana y no humana.

Publicado en COP21

Para Ecologistas en Acción el acuerdo alcanzado hoy en la cumbre del clima de París es decepcionante e insuficiente al carecer de herramientas necesarias para luchar con eficacia contra el calentamiento global y al desoír las luchas ciudadanas que ya están haciendo frente al cambio climático. Se ha perdido una oportunidad de reforzar e internacionalizar un cambio de modelo basado en las renovables, que mantenga bajo tierra el 80% de los recursos fósiles, frene la industria extractivista y se ajuste a los límites planetarios. Se ha optado en cambio por consagrar la mercantilización del clima y las "falsas soluciones"

La justicia climática, la descarbonización, la financiación adecuada, los derechos humanos, la perspectiva de género, los refugiados climáticos… son muchos los puntos fundamentales que han quedado fuera del texto final.

Además, se ha optado por la fórmula con menor fuerza legal (acuerdo) para un texto peligrosamente vago y abierto, en el que los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero no son vinculantes. La revisión de los compromisos se hará demasiado tarde, cuando estemos cerca de haber emitido ya una cantidad de gases de efecto invernadero que implicaría superar el límite de 1,5 grados.

La fundamental meta de la descarbonización de nuestras economías ha acabado en una vaga referencia a la necesidad de alcanzar el pico de emisiones "lo antes posible" y de "un equilibrio entre las emisiones antropogénicas y las fuentes y absorciones por sumideros de los gases de efecto invernadero". Es decir, se confía el cumplimiento de los compromisos a la compensación de las emisiones, en vez de a su reducción significativa, por medio de un cambio en la forma de producir y consumir.

El texto no contempla las emisiones generadas por el transporte aéreo y marítimo, abre la puerta a trucos contables en el cálculo de las emisiones y deja sin amparo luchas como la desinversión en combustibles fósiles y el freno del fracking y las arenas bituminosas.

El acuerdo mantiene además los mecanismos de mercantilización del clima inscritos en anteriores tratados, como los mercados de carbono, que favorecen la especulación y la política del talonario frente a los esfuerzos reales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Tampoco hay mecanismos garantistas para la financiación. La provisión de fondos para la adaptación a los países más vulnerables ha quedado relegada a una decisión de la cumbre, no al acuerdo vinculante, lo que posibilita una vuelta atrás en el futuro. Además, gran parte de esta financiación podrá ser usada para impulsar las citadas falsas soluciones, como la geoingeniería o la captura y almacenamiento de carbono, lo que supone una gran traba al desarrollo de las energías renovables.

Los elementos más interesantes figuran sólo en el preámbulo, es decir, en la parte declarativa que carece de fuerza legal. Es el caso de la apelación a "muchos mayores esfuerzos de reducción" de las emisiones. Esto convierte el acuerdo en algo más parecido a una declaración de intenciones que a un texto a la altura del reto que supone el cambio climático, en clara contradicción con el origen de las negociaciones climáticas y el propio sentido de las Naciones Unidas.

Los líderes mundiales han apostado en París por el mismo modelo devorador de recursos que nos ha traído a la situación actual y nos dirige al colapso ambiental. Se muestra una vez más que muchos ciudadanos y ciudadanas tienen claro cuál es el camino a seguir, mientras que estos marcos de negociación desoyen esas voces continuamente y carecen del liderazgo necesario ante el mayor reto del siglo XXI.

No es momento de bajar los brazos ni de caer en el pesimismo en la lucha contra el cambio climático. Para Ecologistas en Acción, lo sucedido en París muestra la necesidad de seguir presionando para que se tomen las medidas necesarias, frente a un acuerdo que nos condena de momento a un aumento de más de tres grados de temperatura. También subraya la importancia del empoderamiento del cambio impulsado por la ciudadanía frente al calentamiento global, con miles de luchas, como las articuladas contra el TTIP, el fracking o la energía nuclear.

Se ha cerrado una ventana, pero la puerta de la ciudadanía, la calle y las luchas cotidianas está más abierta que nunca. Experiencias como la agroecología, la soberanía alimentaria, la movilidad sostenible y la desinversión en combustibles fósiles pondrán en evidencia la falta de ambición de los líderes políticos. Solo un cambio genuino en el modelo de producción y consumo mitigará de forma eficaz el calentamiento global.

Fuente: http://www.ecologistasenaccion.org/article31348.html#.Vm4ZJqqcUDA.gmail

Publicado en COP21

La buena noticia es que la Eurocámara ha pisado el acelerador: el objetivo que presentará en la Cumbre del Clima en París (COP21) es más ambicioso que el de muchos países europeos, ya que pretende no mitigar, sino eliminar las emisiones de carbono en su totalidad en 2050. La mala (o no tan buena) es que el calentamiento global ya es irrevocable: las previsiones más optimistas hablan de que, ese año, logremos un aumento de la temperatura media del globo de «solo» dos grados, en lugar de los seis que prevé ahora la comunidad científica.

Concienciados de que no es posible recular, sino minimizar el daño ya hecho, uno de los pilares irrenunciables para llegar a esa cifra es la innovación tecnológica, enfocada en la transición a una sociedad baja en carbono. «Podríamos cumplir ese objetivo con las tecnologías existentes pero, aplicando otras nuevas y más avanzadas, sería más viable y facilitaría su implantación, y políticas de reducción de emisiones más ambiciosas, no solo en los gobiernos, también en compañías», ha afirmadoDaniele Poponi, uno de los responsables del Informe de Perspectivas sobre Tecnologías Energéticas (ETP), durante las jornadas Empresa y cambio climático organizadas por la Fundación Gas Natural Fenosa.

Este doctor en Economía y Desarrollo Sostenible de la universidad italiana de Bari, colaborador con numerosos departamentos de su Gobierno en el desarrollo de políticas energéticas y medioambientales, ha asegurado durante su ponencia que, «si bien se progresa en numerosas áreas, el avance e implantación actual en tecnologías referidas a las energías renovables, como la movilidad eléctrica e híbrida, la arquitectura sostenible, la economización de fuel o la reutilización de energía, entre otras, no es suficiente para cumplir el objetivo de limitar a dos grados el calentamiento global».

Hay que aumentar el ritmo, en definitiva, y en eso tiene un papel fundamental la colaboración público-privada, según el ponente: con las políticas actuales llegaríamos a los 50.000 millones de toneladas de emisiones globales de carbono a la atmósfera, «y eso son cifras optimistas», advierte Poponi, que añade un dato esperanzador: la reducción de consumo de combustible ha aumentado en los últimos años gracias a regulaciones muy severas en Europa y Estados Unidos, como las normas Euro en cuando a emisiones impuestas a la industria automovilística en nuestro continente, que se endurecen año tras año.

«Esa es la importancia de un marco regulatorio, y ese es el camino a seguir», afirma el ponente, para añadir acto seguido que el esfuerzo realizado hasta el momento dista de ser suficiente para cumplir los objetivos de 2050: «Si queremos que ese año el calentamiento global no pase de los dos grados, los países de la OCDE deben triplicar el gasto en I+D+i».

Todo un reto, sin duda, que una vez más cae en manos de los sectores público y privado. «Hay que encontrar un equilibrio entre tecnología y aceptación por parte del mercado. Hacen falta políticas estables a largo plazo para lograr que la industria se implique y se comprometa con tecnologías que reduzcan las emisiones de carbono. Superar barreras entre ambos sectores», sentencia Poponi, y pone un ejemplo: «La tecnologías fotovoltaica han progresado a pasos agigantados gracias a asociación púbico-privada. Lasinversiones del sector privado son cruciales para el avance que requerimos en nuestros objetivos medioambientales».

Los países en vías de desarrollo no son una rémora en los objetivos medioambientales, más bien al contrario: «No podemos pretender que reduzcan su huella de carbono por sí solos. Hay que darles apoyo internacional. Precisamente porque ya existe mucho feedback, un camino ya recorrido, pueden realizar la transición mucho más rápido que los países desarrollados». Y arroja una luz sobre los países emergentes; en concreto, China: «Ha llevado a cabo en los últimos años un incremento muy destacable en la exportación deplacas solares y tecnología LED para iluminación y pantallas de bajo consumo. Además, en este país no deja de crecer el desarrollo de patentes. Por eso es fundamental un apoyo público-privado para que apliquen estas tecnologías dentro de sus propias fronteras». Hablamos de casi 1.500 millones de habitantes y un consumo energético, en la primera década del 2000, del 17% a nivel mundial, con el impacto que eso supone para el planeta, y los objetivos contra el cambio climático. La solución, sin duda, pasa por algo que ya tienen: tecnología.

 

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Publicado en COP21